Perdida en mi pesadilla
Perdida en mi pesadilla
Género: Suspense.
Abrió los ojos para recibir el nuevo día. La luz del sol estaba despejando su sueño poco a poco. Se sentía un tanto confundida, como si de un sueño se tratase. Se levantó de la cama y bajó hasta el sótano esperando que no hubiera nada de lo que le pareció la noche anterior. Sin embargo no fue así, rebuscando entre las cajas viejas que tenía esparcidas comprobó que no había sido solo un sueño, sino que fue algo más. En una de las cajas de cartón comida por los años pudo ver manchas de sangre algo secas por el paso de las horas, aunque conservaban el color rojizo de ser recientes. La angustia recorría su garganta como si fuese agua clara. El pánico se apoderó de ella haciendo que su corazón comenzase a latir desbocado, presa de aquél demonio llamado miedo. Sin embargo pudo mirar en otra de las cajas, donde había escondido parte de las pruebas, y comprobó que no estaba.
Oh dios, esto no me puede estar pasando a mí, no, no, no, por favor, nooo - gritaba echando sus manos a la cara.
Miró en las cajas restantes y la ropa que había escondido ahí la noche anterior tampoco estaba. Su pesadilla fue creciendo cuando encontró un papel blanco tirado en el suelo. Parecía una nota, pero... ¿quién podría hacer algo así? Estaba muerta, estaba segura de ello, estaba bien muerta. No respiraba, se desangró de camino a casa... ¿por qué estaba pasando esto? Todas esas dudas escapaban a su conocimiento, sin embargo, con un poco de temor, fue firme y cogió la nota.
Al leerla se descompuso y su cara se puso pálida. Las lágrimas comenzaron a caer sin que de su boca saliese una sola palabra. Estaba en shock, el pánico mandaba en ella y aquella nota le estaba haciendo pasar el peor rato de su vida. Estaba sola en casa y sentía como si miles de ojos clavasen sus pupilas en ella y la aclamaran culpable de todo lo que había pasado. Fue un accidente, no quería hacerlo, ella no debía de estar allí.
Subió al piso de arriba y cogió el teléfono. Aún temblorosa por el miedo que estaba recorriendo su cuerpo, sentía como si sus manos no le perteneciesen y sus movimientos no reaccionaran a lo que quería hacer. Quería huir, escapar de allí bien lejos y hacer como que no había pasado nada. Pero no podía, la idea de que en cualquier momento la chica del sótano apareciese y se vengara de ella la estaba martirizando por segundos. Llamó a la única persona en que podía confiar ahora mismo. Su amigo de la más tierna infancia, Cameron.
Marcó el número angustiada pero al ponerse el auricular al oído comprobó que no había señal, sólo un ligero tono que le avisaba de no estar llamando correctamente. Impotente y rabiosa marcó de nuevo y sólo consiguió el mismo resultado. Buscó en su cajón del tocador las llaves de su coche. Esperaba y rezaba para que no le diera los mismos problemas que le venía dando semanas atrás, porque en este momento lo que menos necesitaba es quedarse sin coche. Se quitó el pijama y se puso su chándal favorito junto con las deportivas más cómodas que tenía, todo ello a velocidad record. Si el automóvil fallaba tendría que ir a pie. Bajó a toda prisa por las escaleras que la llevaban al vestíbulo y cogió su chaqueta. Cuando salió de casa y cerró la puerta vio que el cielo tenía un color amarillento, miró la hora y eran las 12:30 del mediodía.
¿Pero qué?... si antes me estaba despertando el sol del amanecer… ¿cómo puede ser que sea esta hora y que esté el cielo así? ¿Qué coño está pasando aquí?
Se metió en el coche apresurada, a cada momento el día iba empeorando más y deseaba con todas sus fuerzas que fuese un sueño del que se iba a despertar pronto.
Introdujo las llaves y arrancó el coche a la primera. Parecía que al fin le salía algo bien. Sacó su móvil del bolsillo y vio que estaba quedándose sin batería. “Genial, no podía pasar otra cosa más” Buscó en la agenda el número de Cameron y tecleó de nuevo, esta vez parecía que recibía el tono. Se alegró. Su entusiasmo duró poco cuando vio que se le cruzaba una especie de animal en el parachoques y tuvo que dar un frenazo saliendo el móvil por los aires y despedazándose. Aún estaba en shock mirando por el cristal cuando recordó el móvil. Miró para el asiento del copiloto para reconstruirlo e intentar llamar de nuevo, pero el teléfono no se encendía.
¡Genial! Esto es fantástico. ¿Qué más me puede pasar? - decía ya en un estado de auténtica euforia.
Bajó del coche para ver si había provocado algún accidente. Con asombró y verdadero miedo se agachó para coger lo que alguna vez fue la camiseta que estaba en su sótano en una caja, la misma que tenía manchas de sangre y que había desaparecido de allí. Se metió en el coche temblando con la prenda aún en la mano. Intentaba encender el teléfono y no había manera de que diese señal de estar vivo. “Bien, así estaré yo si no salgo de aquí”. Arrancó el coche y desesperada por el pánico gritaba que arrancase de una vez. No había elegido el mejor momento para quedarse ahí parado y darle los prontos que venían dándole hacía tiempo. Gritaba y no podía más. Estaba perdida en una pesadilla de la que no podía salir. Suplicaba a Dios, y a cualquiera que pudiese oírla, que la despertara, que la diera un poco de esperanza para pensar que lo que estaba viviendo no era real, si no un mero sueño fruto de su borrachera de la noche anterior.
¡Dios! Como me puede estar pasando esto a mí. Por favor, que alguien me ayude, necesito ayuda no puede estar pasando esto… ¡¡esto no es verdad!! ¡¡No!! ¡¡Arranca de una vez, maldito coche de mierda!!
Golpeaba el volante con la misma furia que la estaba consumiendo por dentro. Entre la rabia y el miedo estaba en un estado de nerviosismo que no podía más. Necesitaba que pasase algo coherente de una vez.
Notó como si la vista hacia lo lejos desapareciese, bajó la ventanilla del coche con las lágrimas a punto de salir y miró hacia el cielo. Se estaba formando una espesa niebla grisácea que no la permitía distinguir las nubes, sólo una negrura tapando el cielo.
Intentó arrancar de nuevo el vehículo presa del temor y, al ver que éste no arrancaba, derrumbada salió del coche y echó a correr sin mirar atrás. Llevaba aún en la mano la prenda ensangrentada y corría sin saber muy bien a dónde ir. El ambiente estaba cada vez más cargado y le era más imposible ver su trayectoria y a dónde se dirigía. Sólo quería correr y huir de aquél sitio, esconderse en un lugar seguro o encontrar un teléfono que funcionase. Avanzaba sin rumbo hacía una salida que no localizaba y empezaba a cansarse. Notaba el corazón como si fuese a salírsele del pecho y la falta de aire la hacía respirar con fuerza para intentar llenar los pulmones de nuevo. Se paró unos segundos, apoyó ambas manos en sus muslos e intentó coger el máximo aire posible, pero el pánico le resoplaba en el oído recordando que no podía darse ese lujo. Siguió corriendo hasta una cafetería abierta que vio. Atisbó un rayo de esperanza y luz mientras llegaba y eso la animaba a correr pese al cansancio que sentía. Entró en la cafetería buscando un camarero que le pudiese dar un teléfono y algo de agua, pero no había nadie, estaba desierta.
¿Dónde diablos está todo el mundo? Ahora que me fijo las calles están vacías... es raro. - Se metió en la barra y cogió un vaso para servirse ella misma algo de líquido fresco y retomar el aliento - Pero no es normal que una cafetería esté abierta sin gente...
Vio una tabla con un par de limones troceados, a su lado había un cuchillo de carnicero que llamó su atención. Lo cogió, el día estaba demasiado feo como para no tener algo útil a mano.
Se acercó a la puerta principal y la cerró, bajando la persiana y quitando la radio que sonaba de fondo, la cual tenía algo tétrico en cada nota. Fue dando pequeños pasos escudriñando el lugar, mirando por cada rincón y cada puerta por si encontraba alguien más. Cuando se aseguró que estaba sola se acercó al teléfono que había en la pared.
Mierda, necesito monedas. - Miró a su alrededor para ver que podía coger.
Se acercó a la caja fuerte e intentó abrirla pero le pedía una clave que ella desconocía. De repente recordó que en los bares suelen tener un bote para las propinas, así que miró por toda la habitación esperando encontrarlo y rezando porque hubiese una mísera moneda en él. Sus ojos detectaron el tesoro que buscaba en una de las estanterías de la pared principal. Se subió encima de un taburete con ánimo de coger el tarro de propinas, pero por más que estiraba el brazo no llegaba. Se sentía muy frustrada y ansiosa, todo le estaba saliendo mal, tenía que ser una pesadilla sin remedio, esto no podía ser verdad. De pronto su memoria recordó algo que le podía servir. Con ayuda del cuchillo intentó atraer el botecito hasta que al final lo consiguió. Lo tiró al suelo y se rompió pero no le importaba, podía coger las monedas y usar el teléfono. Llamó a Cameron y al fin una voz se escuchó al otro lado del auricular.
¡Cameron! - Exclamó animada. - Gracias a Dios, he intentado llamarte y no hay manera de que co...
¿Sí? ¿quién es? - Se escuchaba al otro lado del teléfono.
Soy yo Cameron, ¿puedes oírme?
¿Diga? Si es una broma no tiene ninguna gracia.
¿Hola? ¿Cameron, me oyes? - Su tono se volvió preocupante y de pronto notó la angustia al escuchar que le había colgado -No, no, no, esto no me está pasando. Tiene que ser una broma.
Se tiró al suelo y cogió otras cuantas monedas para llamar de nuevo y sorprendida comprobó que el teléfono había sido apagado. Marcó el número de la policía y le salió una locución que le indicaba muchos números para poder realizar una petición. Como último recurso no le quedó otra que marcar el 112, pero el resultado era el mismo, el auricular de aquel aparato estaba estropeado y no la escuchaban al hablar.
Se asomó a la ventana y comprobó como el cielo seguía igual y unas nubes espesas de niebla tapaban lo que había sido un hermoso sol días atrás. Miró su reloj y eran las 16:30. Pronto anochecería y no quería vivir este infierno de noche también en una cafetería sabía dios donde.
Entró en la pequeña cocina del local y buscó desesperada algo que le pudiese servir de arma y cosas de utilidad. Nada. Había pocos cubiertos más, y atacar con una batidora o una cafetera a una cosa que no se sabe ni qué es no es que le apeteciera.
Cogió un par de cuchillos grandes y unos cuantos pequeños. Entró en los baños y registró todo a ver si encontraba algo más que pudiese llevar con ella. En la taquilla del servicio de señoras encontró una bolsa mediana, dentro había un paquete pequeño de toallitas húmedas, un neceser con algo de maquillaje, un támpax, unas llaves, una cartera y unos cuantos accesorios de poca utilidad. Cogió la bolsa y la vació dejando en ella sólo las toallitas, la cartera y las llaves. Metió los cuchillos liados en un poco de papel de cocina para que no se pinchara la bolsa y metió un par de botellas de agua pequeñas para una emergencia. Pensó que posiblemente guardaban alguna linterna en algún lado de la barra por si alguna vez saltaban los plomos o algo así por lo que buscó y encontró un paquete de pilas y la linterna. Lo guardó todo en el bolso y cuchillo en mano salió de aquella cafetería preparada para huir lo más rápido posible.
Al salir a la calle miró en ambas direcciones pero no pudo ver nada relevante por lo que decidió avanzar en dirección sur. Se acordó de la cartera y miró para ver que llevaba dentro o ver alguna documentación.
Alyssa James Fergusson. Dirección: 347 Missota, Hambirley.
Eso está cerca de casa, pero no sé hasta qué punto he avanzado con esta dichosa niebla - Se quejó mirando el carnet un poco más - Mierda... Esta chica sólo tiene 17 años. Espero que no la haya pasado nada malo.
Siguió todo el camino hacia delante durante un rato hasta que vio algo que la sulfuró un poco.
¿Qué? Oh venga, no me jodas. Esta es la cafetería, he estado dando vueltas en círculo todo el puto rato.
Decidida a no cometer el mismo error cruzó la carretera y siguió por otro camino diferente.
A lo lejos vio las luces de un coche encendidas, y salió corriendo esperando encontrar a alguien que pudiese ayudarla o explicarle qué estaba sucediendo.
Cuando llegó paró en seco para estabilizar su respiración y poco a poco fue avanzando al coche para hablar con quien se hallara dentro.
De repente escuchó un ruido y se dio la vuelta para comprobar que era, pero lo único que consiguió es que alguien la golpeara en la cabeza y su última visión fue la cara de la chica que la noche anterior había matado por accidente. Cerró los ojos quedándose inconsciente.
Con un leve dolor y sintomas de haber bebido abrió los ojos lentamente comprando que aquél lugar no era su casa, si no un sitio algo frío con un olor algo irritable. Se incorporó en la especie de catre donde estaba , con algo de frió se abrazó a sí misma para intentar entrar en calor. No entendía que pasaba ahí y tampoco recordaba nada de lo ocurrido, simplemente miró hacía todos los lados para intentar reconocer el lugar pero su mente estaba tan turbía que no podía ubicar donde se encontraba. Confundida avanzó hacía una de las puertas que había en la habitación y giróo el pomo para abrirla, pero no había manera de poder salir de allí.
Estaba tan nerviosa que sólo pudo llorar de impotencia y gritar que la sacaran de allí. Escuchó pasos que se acercaban cada vez mas a donde estaba ella. Un nudo en la garganta le impedía tragar saliva.
Cuando la puerta se abrió para dejar paso a alguien que no se podía distinguir entre aquella oscuridad, la chica se echó hacía atrás para evitar que se acercara, pero cuando un rayo de luz se cruzó con su cara y reconoció a esa persona. Era él, su amigo del alma el que la tenía allí.
-¿Qué está pasando, Cameron? - preguntó echando su cuerpo contra la pared para alejarse de él.
-Me tenías preocupado Aby, te encontré tirada en una acera cerca de la cafetería Jameston.
-¿Sí? ¿Cuando? - insistió sin creerse mucho su respuesta.
-Anoche, sólo mira como vas vestida.... estás apestando a alcohol en la ropa.
Miró hacía abajo y se sorprendió al ver que llevaba la ropa de la noche en la que había matado a aquella chica. Sin embargo en su cabeza estaba segura de que se había desecho de las pruebas de aquella noche. Por otro lado, decía que la había encontrado con olor a alcohol. Quizás todo fuese un sueño después de todo.
Sonó el teléfono de Cameron y él sólo asintió, colgando de momento. Entró por la puerta la pesadilla que la había atormentado durante sabe dios cuanto tiempo y con los ojos llenos de lágrimas le preguntó que si estaba bien.
-Oh dios, Cameron y yo te encontramos tirada en la calle. No entiendo por qué no quisiste venirte con nosotros e irte por tu cuenta, Dios sabe de lo que te has librado, te hubiera pasado cualquier cosa.
-Estoy bien, Karen y vosotros veo que también.
Se abrazaron las dos amigas y se dejaron llevar por la alegría de estar juntas de nuevo. Finalmente todo había sido una terrible pesadilla por culpa del alcohol de aquella noche, se alegró tanto de que todo fuese sólo un sueño que prometió no beber nunca mas.
Fin.
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