Sometida al Placer +18 (Capítulo 4)
Capítulo 4
14 Abril de 1997
Todo a mi alrededor es blanco, blanco frío, blanco extraño, un blanco que me da escalofríos. Ese hombre me mira como si fuese un bicho raro. No puedo pensar, no puedo hablar, sólo quiero irme, irme a mi cuarto y meterme bajos las sábanas y no salir de ahí mas. No quiero que él me encuentre, él, ese monstruo que intenta hacerme daño.
Mamá no me entiende, sólo puedo refugiarme con él, mamá no quiere creer, ¿por qué este hombre que me pregunta sobre mi lo hará? No quiero hacer daño a mami. Ella llora cuando se lo digo, cuando le cuento lo que él me hace. El hombre malo, el hombre que me mira y quiere venir a por mi.
-Alma. - Sus ojos fríos se clavan en mi. - Alma, regresa. Vamos.
Se sube las gafas mientras se remueve en su asiento.
-Alma, se que no confías en mi, pero debes hacerlo para salir de aquí. Puedo ayudarte, puedo guíarte por el camino a la recuperación si tu me dejas. Eres sólo una niña, Alma. Déjame guiarte por el camino acertado, sólo tu puedes curarte.
Me abrazo a mi misma mientras me tambaleo, bailando como si fuese una mecedora mientras mis piernas son envueltas en mis brazos. Quiero llorar, salir corriendo e irme a un sitio seguro pero no me dejan. ¿Estoy castigada? Por qué me harán esto... yo no he hecho nada malo, ¿o tal vez si? Sólo quiero verle a él. Él me ayudará, ella no. Ella es mala como su padre, como el monstruo que habita cada noche en mi cuarto.
-¿Alma? Tienes que hablar. ¿Quieres que venga tu mamá?
-Niego con la cabeza. - Quiero a Penny. - bajo la vista y miro el suelo mientras las lágrimas luchan por salir de mi interior.
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-No, por favor Barry. -Suplico esperando que me escuche. - ¡Para!Pero sin embargo no ocurre. No puedo moverme, estoy inmovilizada contra la pared mientras las manos de Barry investigan mi cuerpo. Siento sentimientos que no puedo explicar, recuerdos que no quiero revivir, y momentos que no quiero recordar. Intento moverme, darme la vuelta a expensas de que al menos al ver mi cara se de cuenta de que estoy en serio y que quiero que pare.
Pero es imposible. Su mano metida bajo mi vestido, empieza a invadir mis bragas acariciando la parte húmeda de mi ser que se excita involuntariamente. Mis quejas, mis reclamos, no los quiere escuchar. Al contrario, su erección contra mi culo me deja claro que cada queja mía le pone mucho mas.
-Ba...Barry. Te lo suplico, déjame por favor. - Me tiembla la voz al pedirle que me suelte. - Por favor, no.
-Pero si estás empapada. Me cuesta creer que no quieras esto tanto como yo. - Introduce dos dedos en mi, haciendo que mi boca se abra dejando escapar un quejido. - Te gusta. ¿Por qué lo quieres negar?
-Barry...ah...para. - Intento cerrar las piernas, apretar los muslos para evitar que siga hurgando en mi interior. Pero sus dedos me abren, me siguen mojando, siguen despertando sensaciones que no quiero aceptar.
-Eso es...déjate llevar conmigo.
Saca bruscamente sus dedos de mi y quita las bragas de un tirón. Con el vestido subido y dejando a la vista mi culo, me agarra de los cachetes y me posiciona para penetrarme desde atrás. Justo cuando esta a punto de entrar en mi, grito que no lo haga y me revuelvo nerviosa evitando que lo consiga.
-No, no, no. No por favor.
-¿A qué juegas, Alma?
-Por favor no quiero hacerlo.
-Empiezo a cansarme de ti, de tus juegos, de tus mareos de ahora si y ahora no. - Con la espalda ahora pegada en la pared y mis manos sobre mi cabeza presionadas por las suyas, se acerca a mi boca. - Quiero follarte, ¿por qué me estás haciendo esto?
-Lo siento. - supliqué que me perdonara al borde del llanto. -De verdad.
-No lo intentas, Alma. No puedes hacerme una mamada y después evitar que te folle. Esto no va así. Sabes las ganas que tengo de metértela... Me vas a volver loco.
-No se qué me pasa.
-Pasa que no sabes que quieres. -Se apartó de mi, aunque no pasó mucho cuando volví a tenerle pegado a mi cuerpo. - Pero yo si lo tengo claro. Quiero ponerte contra la pared y follarte salvajemente hasta que te corras conmigo.
Una parte de mi ansiaba eso, pero no podía. Por mas que lo intentaba me era imposible dejarme llevar, salvo en sueños. Donde ese extraño hacía conmigo lo que quería sin poder rendirme a él.
-Barry...- Limpiando mis lágrimas que salían sin control, le miré a los ojos. - lo siento mucho. No puedo hacerlo. Es mejor que te vayas.
-Lo que tu digas, Alma. Lo que tu digas. - Se terminó de vestir y mirándome una última vez salió por la puerta desolado, enfadado y con miles de preguntas sin respuestas.
Me derrumbé en el suelo rompiendo a llorar , más fuerte que antes, completamente sin control. Escuché la puerta de la habitación de Jake abrirse y lo vi aparecer ante mi. Se sentó a mi lado y me abrazó mientras me besaba la frente y me susurraba palabras que anhelaba oír, esas palabras que me calmaban y me tranquilizaban hasta dejarme agotada, exhausta y tranquila después de un mal momento.
Me cogió en brazos y me llevó a mi habitación, me quitó la ropa y me puso el pijama de muñequitos que siempre usaba cuando estaba triste y se sentó conmigo mientras no dejaba de abrazarme.
-Llegará un día en el que esos recuerdos dejen de torturarte, cariño. Todo pasará.
-No he podido. - Entre ahogos por las lágrimas intentaba explicar lo que había pasado. - No he podido hacerlo. Eso no.
-Shhh. - Me acariciaba el pelo como si fuese su frágil muñeca. - No pasa nada, cielo, lo sé. Debes calmarte.
-Lo intenté, Jake. Juro que lo intenté. Pero no pude. Nunca podré apartar esas imágenes de mi. Nunca podré tener nada con ningún hombre como una chica normal.
-Lo harás cielo. Sólo necesitas al hombre adecuado y cuando ese día llegue estaré ahí contigo, para recordarte que yo llevaba razón. Como siempre.
Sonreí ante sus palabras, sabía que a pesar de parecer arrogante lo decía de corazón y buena fe, intentando hacerme reír. Me dormí en su pecho, como cada vez que mi mente se veía torturada por los recuerdos y el dolor. Como cada vez que, después de sufrir un revés, encontraba cobijo en su fuerte pecho, el que me daba calor y cariño, el que me hacía seguir adelante a base de su amor.
Me quedé dormida sobre él, no se el tiempo que estuve pero sólo recuerdo el leve movimiento que hizo para dejarme la cabeza en la almohada. Reconfortada, querida, amada y mimada me tapó dejándome con un sueño profundo.
Revolviéndome en la cama entre las sábanas y los quejidos, podía experimentar nuevamente las malditas pesadillas que tiempo atrás habían desaparecido. Ahí estaban otra vez, haciéndome llorar, suplicar, intentando huir del destino caprichoso que se cernía sobre mi. Mi mente torturada por los recuerdos no podía olvidarlo. Ni siquiera con ese extraño que se metía en ellos en mas de una ocasión para darme un respiro placentero.
¿Dónde estaba? ¿Por qué no aparecía él en lugar de revivir aquello otra vez? Empezaba a depender de un desconocido para que mi vida se tornara algo normal. Tenía que estar muy mal para pensar que mi deseo sexual volvería a resurgir si sólo un desconocido me follaba en sueños.

Un poquito flojo el capítulo. Un poco incomprensible que el Barry se pare con la calentura y puesto ya en acción y luego el compañero... ¿sale de su habitación cuando él se marcha y no cuando ella grita su negativa varias veces? Hombre, para ser un gran amigo es algo (muy) cobarde, ¿no? xD
ResponderEliminarLo único interesante es el introducir el porqué de sus pesadillas con lo que dejas entrever de niña. A ver dónde quieres llegar ;)